El agricultor y su tarea como comunicador para realzar su reputación

Lo que no se comunica no existe. Y en el campo pasan muchas cosas y pocas que se sepan. 

Algunas tan simples y esenciales como las de producir alimentos. A todos nos costaría vivir un día incomunicado, sin teléfono o sin conexión a Internet, pero aún nos costaría más vivir un día sin algo que echarnos a la boca.

Y ese algo, suelen ser unos productos que, en sinergia con la naturaleza producen agricultores y ganaderos. Esos personajes, estereotipados con un gorro de paja y una azada en algún lugar remoto. Pero que, realmente   también saben usar los móviles, vender sus productos por Internet, o usar las redes sociales para mostrar o reivindicar su trabajo.

La comunicación como herramienta de marketing y venta

Una explotación agraria es una empresa. Y como toda empresa hay labores, más allá de las propias relativas al campo como son las de administración, recursos humanos, contabilidad,  y por supuesto la comunicación. Comunicación usada para realizar trámites y gestiones, comunicación para divulgar las actividades que se realizan y por supuesto comunicación dirigida al marketing y a potenciar las ventas. Hay que saber vender el producto que uno produce, y una buena estrategia de comunicación puede impulsar esta faceta.

Evidentemente, como en todo hay que cuidar la cantidad y calidad y la información que se da. Es fácil y a veces tentador caer en la banalidad o en el mensaje fácil o espontáneo, por lo que es necesario tener una estrategia y valorar los pros y los contra antes de lanzar un mensaje. Y por supuesto analizar el impacto y el rédito económico que se obtiene tras su difusión

La comunicación como herramienta divulgativa

Durante mi todavía corta experiencia de agricultor, he conocido en primera persona historias apasionantes. De hombres y mujeres del campo que han producido toneladas de frutas o que han sabido ingeniárselas para optimizar los recursos de su explotación y obtener unos resultados excelentes

Gente anónima que por haber vivido en otros tiempos no han tenido la ocasión de enseñar sus maestras habilidades más allá que a personas de su entorno. Merecen que algunas de sus experiencias sean contadas.

La brecha del campo y la ciudad es uno de los mensajes clásicos que no paramos de oír, y que se hace patente cuando uno ha vivido en el lado de la ciudad y ahora vive en el lado del campo. La óptica con la que se percibe desde la ciudad es, en general, de mucho desconocimiento y cargada de estereotipos no siempre acordes a la realidad.

Pondré un ejemplo que experimento en mi negocio de venta de naranjas: Todos los años clientes preguntándome por las diferencias entre las naranjas de mesa o de zumo, como si se trataran de coches diésel o gasolina y que quedan perplejos cuando les explico que todas proceden de los mismos árboles y que la única diferencia radica en el tamaño.

Por eso, pese a la intensidad y dureza de la jornada agrícola, es importante a veces pararse y pensar que esa satisfacción del trabajo bien hecho, puede ser compartida y servir por una parte a enseñar a otros, y por otra a mostrar a gente que vive en cualquier parte, lo que uno hace. Todo ello contribuye a que esa brecha sea cada vez más pequeña y que el campo gane en visibilidad entre el público más “urbanita”.

Muchas veces me preguntan por qué no se incorporan más jóvenes a la agricultura. Evidentemente la falta de rentabilidad en el sector es una de las razones principales, pero también influye  el desconocimiento de la profesión por parte de esa población. Y en parte, creo que desde el sector se deberían potenciar los mensajes con los canales que más usan las personas de esas edades, dando más voz a los propios jóvenes para su difusión. Tratar de incentivar para trabajar en el campo a un joven con un artículo en una revista, escrito por una persona adulta, es, con todos los respetos, una pérdida de tiempo. Los jóvenes buscan contenidos visuales dinámicos y atractivos.

La comunicación como herramienta reivindicativa

Que el sector primario está en crisis no es nuevo. Que cada vez haya menos jóvenes que se quieran incorporar al sector tampoco.

Por la parte que me toca, la citrícola, y por la que sufro, son cientos de hectáreas cada año que se dejan de cultivar en España. El permanecer callado no ayuda a arreglar las cosas. Todas las injusticias, atropellos y desmanes  que se producen no pueden quedarse en el entorno de amigos o en tertulias de bar. Hay que lanzarse a denunciar esos problemas que nos exprimen, y además de las formas típicas, como puede ser una manifestación, hay que ser proactivo en hacer llegar todo ese malestar a los medios y siempre con una actitud constructiva.

Por mi corta experiencia, no me considero ni de lejos de los más capacitados agricultores. Pero, modestamente, poco a poco,y aprendiendo de mi entorno he conseguido, gracias a la comunicación, por una parte hacer prosperar mi negocio y por otra dar voz en prensa, radio o televisión  a muchos de los problemas que tenemos los agricultores de mi entorno.

En definitiva, como en cualquier otra actividad, la comunicación en la actividad agrícola y ganadera, en la actualidad no es una opción, es una obligación. Que por supuesto ha de llevarse a cabo sin perder la singularidad que proporciona la vida del campo pero adaptado a los medios y tecnologías modernas.

 

Autor: Ismael Navarro Castell. Agricultor.

Twitter e Instagram: @ismaelncfarmer

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