Agricultura sostenible… el camino a seguir está claro

La agricultura sostenible, como muchos ya sabéis, es un conjunto de técnicas y políticas aplicadas a la producción agroalimentaria que persiguen minimizar el impacto medioambiental tanto a corto como a largo plazo.

Este tipo de agricultura promueve ecosistemas saludables y apoya la gestión sostenible de la tierra, el agua y los recursos naturales con el fin de abastecer a toda la demanda del mercado con una buena calidad y cantidad de alimentos. Por tanto no debemos confundir “agricultura sostenible” con “agricultura ecológica”, aunque todo va muy relacionado y enfocado a un camino común, la agricultura ecológica  se lleva a cabo mediante un conjunto de técnicas agrarias que excluyen normalmente el uso de productos químicos (fertilizantes, plaguicidas, etc.) con el objetivo de preservar el medio ambiente. Podríamos afirmar que la agricultura ecológica es una forma de agricultura sostenible aunque esta va más allá como veremos a continuación.

Estamos ya muy acostumbrados (tal vez mal acostumbrados) a oír y decir que cada vez hay más seres humanos en el planeta y que el reto de la agricultura será poder alimentarnos a todos en los próximos años, decimos esto con bastante frecuencia sin considerar la importancia que ello conlleva. Pues no es cosa sencilla y además añadiría realmente un reto si cabe aún mayor, que sería alimentar a todos los seres humanos sin agotar los recursos del planeta, evitando el avance del calentamiento global y reduciendo la emisión de gases que generan el efecto invernadero. Por tanto, la reducción de consumo de agua e insumos (abonos, productos fitosanitarios, combustibles, etc.) es un proceso clave a tener en cuenta a la hora de tener unos alimentos que respeten el planeta y lleguen a la mesa en las mejores condiciones para su consumo.

La agricultura sostenible, una opción presente y futura

La agricultura sostenible afecta a todos los procesos desde que se inicia la siembra del cultivo, la recolección, embalado y distribución hasta el último eslabón que somos los consumidores. De ahí, por ejemplo, que los envases deben ser reciclables, reutilizables o compostables, los abonos y fertilizantes de origen orgánico, mineral o vegetal, etc.

Sin duda alguna, la agricultura del presente y la del futuro está condicionada a la sostenibilidad y a un modelo ecológico que respete el planeta… España está en una buena posición ya que es el primer país con mayor superficie de agricultura ecológica de la Unión Europea y el quinto país en posición mundial.

Los objetivos que intenta alcanzar la agricultura sostenible, también conocida como biológica, se pueden dividir en dos ramas:

  • La rama medioambiental, en la que se persigue que los sistemas de producción sean compatibles con el entorno en el que se encuentran, aprovechando eficazmente todos los recursos disponibles y evitando o minimizando la producción de residuos tóxicos.
  • Y la rama socioeconómica, donde el objetivo fundamental es abastecer a la demanda del mercado y que el producto no termine encareciéndose excesivamente a causa de las condiciones de producción.

Si volvemos a introducir el concepto de agricultura ecológica, esta puede estar enfocada a grandes extensiones de terreno y exportación de los alimentos a donde se considere oportuno. Esto podría ser una gran diferencia respecto a la agricultura sostenible, que está más enfocada a pequeñas extensiones de terreno para así facilitar la gestión de recursos y de residuos, favorecer el transporte local de enseres y proporcionar a los consumidores productos frescos de gran calidad.

Otra de las principales diferencias reside en que, en Europa, la agricultura sostenible no está regulada por ley, mientras que la ecológica se rige por el Reglamento (CE) 834/2007 del Consejo sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos y por el que se deroga en el Reglamento (CEE) 2092/91 y sus reglamentos de aplicación. Eso implica que cuando se compra un alimento ecológico podemos distinguirlo claramente debido a que va acompañado de un sello reglamentario, pero cuando se compra un alimento procedente de la agricultura sostenible no sucede así.

Un caso de éxito, Knorr

Uno de los ejemplos más destacados en España sobre la agricultura sostenible es la empresa Knorr que desde el año 2010 impulsa este tipo de agricultura y que además tiene como meta en los próximos años que todos los ingredientes agrícolas utilizados en sus alimentos provengan de fuentes sostenibles.

Para ello, la empresa ha publicado un catálogo de buenas prácticas que se basa en el cumplimiento de  los siguientes indicadores:

  • Reducción de fertilizantes, pesticidas y combustibles
  • Protección del suelo
  • Reducción del consumo de agua
  • Apuesta por la biodiversidad y el bienestar de los animales
  • Reducción del consumo de energía y gases de efecto invernadero
  • Apuesta social por el capital humano y por la economía local
  • Mejora continua en la formación y desarrollo a los agricultores

No cabe duda que la agricultura sostenible es el futuro de un sector fundamental para nuestra economía. Cuanto antes se ponga manos a la obra el sector primario y adapte sus cultivos y productos, más rápido avanzaremos. El camino a seguir está claro…

 

Autor: Joaquín Tribaldos (Twins farm)

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