Agricultura vertical ¿Hablamos del futuro de la agricultura?

Año 2100. El 89% de la población mundial vive en las llamadas ‘mega-urbes’, enormes ciudades que se extienden más allá de donde alcanza la vista. La actividad agrícola fuera de estas ‘mega-ciudades’ ha quedado acaparada por las manos… o mejor dicho, múltiples brazos articulados de robots,… acompañados por drones, y apenas unos pocos agricultores hiper-especializados; convertidos en gestores integrales de una buena parte de la cadena de valor agroalimentaria.

Sin embargo, estas mega-ciudades, tienen una demanda muy alta de alimentos frescos, algo que ese agricultor, que aún resiste en el medio rural no puede abastecer de forma continuada debido a la altísima demanda.

Por eso, ciudadanos del futuro como Jaime han apostado por otro tipo de agricultura. Una agricultura enclavada en el mismo corazón de las ciudades del futuro, una agricultura que permite obtener hortalizas y frutas de carácter ‘ultra-local’ para abastecer la alta demanda de la sociedad que habita en las ciudades del futuro.

¿Sabías qué…? Empresas pioneras del sector tecnológico poseen en la actualidad ‘fábricas vegetales’ que cuentan con una producción de +80 toneladas de lechugas por año.

Veamos un poco más de cerca el día a día de nuestro amigo Jaime…

Jaime, se levanta todos los días a las 6:15 horas,… y gracias a la domótica de su casa, cuando sale de la cama… su ‘casa inteligente’ ya le ha preparado el café, le ha encendido el ordenador y ha seleccionado las noticias más relevantes del día para su perfil. Una vez terminada la revisión y rápida lectura de las noticias, la pantalla del ordenador cambia y le ofrece una buena cantidad de gráficos, números y notificaciones. Comienza su jornada… una jornada llena de datos.

A través de estos gráficos, y desde su casa, Jaime, puede ver la evolución de sus múltiples cultivos, gracias a la red de sensores que acompaña a sus cultivos, dispuestos en bandejas en horizontal, y en vertical, en un edificio situado en la zona periurbana de la ‘mega-ciudad’ de MadriLand. Dicho edificio, ahora convertido en ‘fábrica vegetal’ se recuperó tras la crisis industrial de inicios de siglo. En su interior, se reúnen las condiciones óptimas para el crecimiento de los diferentes cultivos que allí se producen: tomates, lechugas, pimientos, etc.

Todos estos cultivos, crecen en una superficie útil de 100.000 metros cuadrados. Pero lo realmente especial, es que la explotación agrícola de nuestro amigo Jaime ocupa nada menos que 10 plantas, cada una de ellas, de 10.000 metros cuadrados. Es decir, a través de una única pantalla, Jaime puede controlar 10 zonas de cultivo diferentes en las que crecen cultivos diferentes en cada una de ellas… esto es, un cultivo por planta, y cada uno, cuenta con las condiciones óptimas para su crecimiento y desarrollo.

¿Sabías qué…? Existen proyectos de agricultura vertical que han conseguido aumentar la producción de ciertas variedades de lechuga hasta un 100%.

Esta producción agrícola hiper-controlada, necesita una mucho más pequeña y controlada cantidad de productos fitosanitarios, ya que los cultivos crecen en un ambiente mucho más controlado y aséptico. De hecho, cada vez que un ‘operario’ accede a la planta, debe ponerse un traje de protección, y pasar por una cámara de desinfección.

Hoy Jaime, no tenía pensado ir a su ‘fábrica vegetal’, ya que pensaba aprovechar el día para hacer gestiones cómodamente desde su casa. Sin embargo, uno de los sensores de la planta de producción de tomates ha registrado una anomalía en la composición de la mezcla de fertirrigación que nutre las plantas. Bajo este concepto de agricultura híper-intensiva, una desviación de apenas unos microgramos puede causar una desviación de la producción de centenares de kilos. Esto es importante,  ya que las ‘fábricas vegetales’  del futuro, para evitar el desperdicio alimentario, solo producen la cantidad justa de hortalizas que los supermercados/hipermercados de la ‘mega-ciudad’ demandan en las fechas convenidas según los contratos firmados en base a las previsiones de demanda realizadas gracias al bigdata y el análisis del perfil de los consumidores.

Jaime sale finalmente de su casa inteligente situada en el piso 120 del edificio en que desarrolla su vida, coge su silencioso y elegante coche eléctrico, y se dirige a la zona periurbana de MadriLand. Mientras conduce, en su cabeza surgen pensamientos tales cómo… “bueno, así aprovecho y reviso los ensayos de cultivo de nuevas variedades que estamos realizando en la planta de I+D+i”. Este “invernadero de I+D+i”, puede parecer un “container” transportable modificado, pero es mucho más, es un espacio dotado de la más alta tecnología, de tal forma que en apenas unos pocos metros cuadrados se pueden realizar múltiples ensayos; siempre mirando al futuro.  En este laboratorio están dispuestas las bandejas de cultivos con diferentes variedades, en esta ocasión, son nuevos híbridos de lechuga y rúcula… con el objetivo de ofrecer al consumidor nuevas variedades más sabrosas y diferentes que sigan motivando su deseo de compra. En estos ensayos, las bandejas de las nuevas variedades de Lúcula® se someten a diferentes intensidades de luz led y concentraciones de sustancias nutritivas. Con ello, Jaime y su equipo, quieren ver como varía la composición nutricional de éstas nuevas variedades,… e incluso el sabor, para así ofrecer productos únicos al tan exigente mercado del año 2100. Como suele decir Jaime “dentro de unos años habrá tantas variedades de lechugas y nuevos híbridos como tipos de consumidor en el mercado”… y es que, la agricultura del futuro, sigue innovando para satisfacer las demandas del consumidor y llevar al mercado productos de calidad con las máximas garantías de seguridad alimentaria.

¿Hortalizas a la carta? En Bowery Farming hacen crecer los cultivos en diferentes concentraciones nutritivas, modificando el sustrato y en diferentes condiciones ambientales, para ver como los vegetales modifican sus cualidades organolépticas e incluso nutricionales.

Tras un breve trayecto, Jaime llega a la planta baja de su ‘fábrica vegetal’ donde Gastón, su labrador, muy auténtico y nada robótico, pero si un poco travieso… le da la bienvenida a lametazos. Jaime, en primer lugar saluda su equipo, y se dirige rápidamente a las plantas superiores tras ponerse la ropa de trabajo. Ensimismado en sus pensamientos,… intenta acceder a la zona de producción, pero una alarma le avisa que no se ha dado la ducha desinfectante. Una vez realizado este paso, necesario para acceder a la zona de producción, la puerta se abre automáticamente y un rayo de luz morada se refleja en sus ojos.

Los cultivos de tomate están perfectamente dispuestos en sus bandejas, donde las raíces están en contacto con la solución nutritiva que las alimenta. Esta solución está ajustada a nivel de microgramos, con los componentes necesarios para el crecimiento de ese cultivo en particular. La filosofía de la producción en estas ‘fábricas vegetales’ es “utilizar la cantidad mínima necesaria de nutrientes para el crecimiento óptimo del cultivo”, buscando realizar una producción agrícola sostenible y respetuosa con el medio ambiente.

Además, el circuito de fertirrigación de los cultivos, es una instalación cerrada, lo que permite recuperar el 90% del agua utilizada, reduciendo la huella hídrica a la mínima expresión.

El otro elemento clave para el crecimiento de los cultivos, la luz, la proporciona una instalación de luz led. Estos leds están calibrados para proporcionar la luz en la longitud de onda donde se encuentra el pico máximo de crecimiento de cada cultivo. Esto, unido al preciso y detallado ajuste del resto de los factores que influyen en el crecimiento de las plantas, ha permitido que Jaime y su equipo consigan tener hasta 8 cosechas al año en ciertos cultivos como el tomate.

Jaime, finalmente revisa la anomalía en el sistema, dándose cuenta de que en el último turno de trabajo nocturno, algún operario no programó bien el sistema de mezclado inteligente y no se hizo bien la mezcla en la cisterna. Rápidamente, junto a Rafa, el operario de programación, lo corrigen para evitar que pueda afectar al sistema de producción y causar la pérdida de la 7ª cosecha de este año. Jaime finalmente apunta en su sistema de control que la anomalía esta corregida, y convoca al equipo nocturno a una reunión ese mismo día antes de comenzar su turno.

Queda claro, que alimentar a una ‘mega-urbe’, no es nada sencillo, y que la agricultura del futuro… deberá seguir superando nuevos retos… pero sobre todo, queda claro, que para hacer que sistemas tan precisos y complejos de producción de hortalizas de calidad seguirán siendo necesarios agricultores con vocación, y muchas ganas de alimentar al menos 3 veces

 

Autor: La Huerta Digital

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