La energía de las nuevas experiencias de relevo generacional en el campo

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Frente a la España vaciada y el interminable éxodo rural, hoy nos detenemos en redes de gente que ha vuelto al medio rural para poner en marcha proyectos ilusionantes. Ilusión a nivel personal y a nivel colectivo. Hablamos con Xuan, Pedro, Lourdes, Mila. En Asturias, Extremadura, Madrid. Nos cuentan sus experiencias para defender un nuevo modelo sostenible de agricultura y ganadería ecológicas, con mucho futuro. Nos hablan de una reconexión de la ciudad con el campo.

Hace ahora 40 años de Puerca Tierra (Alfaguara). Con este libro, el escritor John Berger, que dejó su Londres natal para irse a vivir a un pequeño pueblo de los Alpes franceses, marcó un antes y un después en la mirada que tenemos sobre el mundo rural. El libro no solo fue un soplo de aire fresco desde el punto de vista literario (en él conviven con soltura los cuentos con los poemas y con un ensayo final), también un puñetazo a las conciencias de Europa, una voz de alarma que nos alertaba de lo que supondría la pérdida del mundo rural. Una pérdida no solo valorable en términos humanos, económicos, sociales y ambientales, también culturales. La pérdida de la cultura rural, escribiría años después el narrador español Luis Landero, es comparable a la quema de la biblioteca de Alejandría.

Ha pasado el tiempo y los peores pronósticos se han hecho realidad. Según Naciones Unidas, más de la mitad de la población mundial vive ya en las ciudades, un porcentaje que alcanza casi el 80% en América del Norte y el 74% en Europa. Y las previsiones no son nada optimistas. Según Naciones Unidas, es muy posible que en 2050 cerca del 70% de la población mundial viva en ciudades y macrociudades.

España no es ajena a este proceso y el “vaciado” de las zonas rurales tiene ya graves consecuencias para la vertebración del país, en todos los ámbitos, económicos, ambientales, sociales. La desconexión de las ciudades con los pueblos es tan severa que las nuevas generaciones de urbanitas desconocen, por ejemplo,  de dónde vienen los alimentos que comemos.

Desconexión con los pueblos y ‘Por Otra PAC’

“Cada vez hay menos gente en las ciudades que tenga algún tipo de conexión con los pueblos y eso agrava el problema del mundo rural”, me explica Celsa Peiteado, portavoz de la plataforma PorOtraPAC y coordinadora de Política Agraria y Desarrollo Rural de la ONG conservacionista WWF-España. La plataforma, que se presentó en marzo (lo contó muy bien Rafa Ruiz agrupa a 37 organizaciones de todos los sectores que tienen algo que ver con el mundo rural, desde ecologistas a agricultores o ganaderos. La idea es unir fuerzas para negociar una nueva Política Agraria Común (están en juego 50.000 millones de euros), que dé prioridad a las personas que viven en el campo, a una agricultura y ganadería sostenibles, y que evite el éxodo de los pueblos a las ciudades.

Este éxodo ha despejado aún más el camino a las explotaciones de agricultura y ganadería intensivas, que han aprovechado la tierra para campar a sus anchas, muchas veces con ayudas públicas. Son instalaciones muy agresivas con el medioambiente y la salud pública, con el bienestar animal y con un empleo precario. Recordemos que la ganadería intensiva es responsable directa del 15% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y del 80% de la desforestación, puesto que gran parte de la producción agrícola intensiva se destina al consumo de animales. España es el segundo país de Europa con mayor consumo de carne y el cuarto productor mundial de porcino. De ahí la importancia de favorecer una agricultura extensiva que respete el bienestar y los derechos de los animales.

“Las explotaciones intensivas se han convertido en el patio de atrás de las ciudades, en su proveedor de alimentos, con unos altos costes sociales y ambientales”, sostiene Peiteado. Esta experta reclama un pacto de Estado por el mundo rural, que dignifique la vida de las personas que aún resisten en los pueblos. Para ello es necesario crear infraestructuras, dotar de servicios a estas zonas, dignificar trabajos como el del maestro o el médico rural, facilitar el acceso a las tierras vacías y a las casas deshabitadas, entre otras medidas.

Las redes de productores agroecológicos

Puerca tierra, el libro de John Berger, se convirtió en un mayday, en una señal de socorro. Pero también fue la semilla de la resistencia, el aliento de un mundo que se niega a desaparecer, que necesitamos que no desaparezca. Y son muchos los que se resisten a hacerlo.

Como Xuan Valladares, de Asturias Sostenible, una red de productores agroecológicos que apuesta por las pequeñas escalas y el consumo local. “El medio rural no debió dejar de funcionar nunca como un ecosistema. Intervenido por el ser humano para cubrir sus necesidades alimentarias, sí, pero cumpliendo con todos los ciclos y exigencias de cualquier ecosistema. Manejarlo a esa escala redunda además no sólo en beneficios ambientales, sino en otros de índole social y cultural”, explica. Tras finalizar los estudios de Biología en Madrid, Xuan decidió regresar a su tierra, hace 30 años, a un pequeño pueblo del concejo de Llanes. “Tenía claro que quería vivir en y de la naturaleza”, dice con énfasis. Junto a su compañera, compraron unos prados a una mujer “muy apegada a su tierra, pues vender bien es vender a quien quieres que lo tenga”, construyeron una casa en unas viejas cuadras con ayuda de unos albañiles y las convirtieron en su hogar, donde han nacido sus cuatro hijos. “Fue un flechazo con el valle y con su gente”.

El proyecto agroecológico tenía dos patas. “Una, diversificar al máximo la producción para conseguir el mayor autoconsumo posible (si el mundo revienta os aseguro que comemos), y la otra tener una mínima actividad excedentaria para poder disponer del suficiente papel moneda para cubrir gastos. La diversificación productiva la conseguimos plantando multitud de frutales. Pero son las vacas, de una raza autóctona muy adaptada a la vida en la montaña asturiana, las que desde el principio constituyeron la base de la producción excedentaria. En todo caso, mi visión de la producción agraria era agroecológica. Mi casería es un ecosistema que intenta cerrar los ciclos de nutrientes al máximo, sin depender de insumos, y el manejo del ganado es netamente extensivo”.

Las limitaciones que se le presentaron las fue solventando gracias a la cooperación, a una verdadera filosofía y economía colaborativas. “A cada problema le intentaba buscar una solución, pero me faltaban estructuras asociativas en las que delegar mis apreciaciones, ideas y proyectos, así que comencé a tejer una red de asociaciones que fueran cubriendo esas necesidades, y uniéndome o coadyuvando a crear otras adonde mi pequeñez no podía llegar”. Así nacieron Asturias Sostenible, Plataforma GEA, Asturias Ganadera, Coordinadora de Montes Vecinales en Mano Común de Asturias, Iniciativa Comunales, Plataforma por la Ganadería Extensiva y el Pastoralismo, European Forum on Nature Conservation and Pastoralism.

Valladares reconoce que los problemas del mundo rural son complejos, que a veces dependen de factores externos al medio. “A veces de índole psicológica (pensemos en la falta de dignificación real de lo rural, en los complejos) y de esas administraciones que tienen claramente otras prioridades”, dice. “Pero nuestra obligación es comenzar por los cimientos, centrarnos en los problemas que podemos mitigar o resolver por nosotros mismos y después ya cambiaremos el resto del mundo”. Para ello es necesario fomentar más el tejido asociativo y cooperativo, agilizar las normas (“demasiado asfixiantes y absurdas”), y lograr un mayor vínculo con los consumidores. “El 100% de la población reconoce lo bueno de los sistemas de producción sostenibles, los beneficios de una economía rural campesina de escala familiar que puede mantener tejido social en la España vaciada, las bondades de los productos diversos y ecológicos, etc., pero el 99% de las compras se hacen en grandes superficies o de productos agroindustriales”. Entre las soluciones, según Valladares, está “tejer y tejer redes de colaboración”,  producir y consumir con responsabilidad, y una nueva PAC “que no sea un despilfarro que sostiene a grandes propietarios y empresas y a modelos contaminantes e insostenibles”.

¿Qué aporta vivir en el campo frente a la ciudad?, le pregunto. “Todo. La pregunta debería ser al revés: ¿por qué el ser humano vive hacinado en grandes urbes alejadas de la naturaleza?”.

Ganadería sostenible, al aire libre

Pedro Campa es otro resistente. Vive en Retamal de Llerena, donde nació, un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz, y forma parte de una red de ganadería sostenible. “Nosotros perseguimos un modelo ganadero basado en que los animales estén el mayor tiempo posible al aire libre, aprovechando los recursos que da el campo a través de la energía solar. Con el mínimo uso de materias primas provenientes del exterior. Intentamos simular el papel que hacen los animales en la naturaleza. Si se gestiona correctamente, además de obtener comida, conseguimos una mejora de la biodiversidad en general. Aunque la producción bruta por animal es inferior, al depender menos de factores externos, nosotros estamos obteniendo un rendimiento neto superior al que obteníamos cuando usábamos un modelo más intensivo”.

Campa ha estudiado Ciencias del Deporte e incluso ha ejercido esta profesión, pero le tiraban mucho sus raíces. Aprendió el oficio de su padre y decidió regresar al pueblo. Antes de apostar por una nueva forma de explotación agropecuaria, Campa trabajó durante años utilizando técnicas convencionales. “No era lógico que cada vez hiciera falta más terreno para rentabilizar las inversiones en maquinaria y equipos. Además, eran necesarias unas subvenciones sin las cuales ni nos aproximábamos a la rentabilidad. También me di cuenta de que el suelo fértil , sobre todo en zonas con cierta pendiente, estaba desapareciendo”. De ahí que en 2013, junto a su hermano, decidió investigar otras alternativas. Fue así como descubrió la Agricultura Regenerativa Ibérica, una red de agricultores y ganaderos que apuestan por la soberanía alimentaria, el intercambio libre de conocimientos y el respeto a la naturaleza, libre de tóxicos. “Aprendimos a tener en cuenta la hidrología a la hora de cultivar, de hacer caminos y cercados. Hemos reducido la erosión, y el agua está más tiempo en las parcelas con todos los beneficios que ello implica. Descubrimos la planificación del pastoreo, la importancia de las altas cargas ganaderas instantáneas en periodos cortos y de dejar tiempo suficiente para la recuperación de las plantas. El ganado puede ser productor de pasto en lugar de consumidor. Este nuevo modelo nos ha devuelto la ilusión. Vemos que la naturaleza tiene infinitos recursos para producir riqueza, siempre a favor de la vida”, afirma este agricultor y ganadero, amante de los espacios abiertos.

Vivir más despacio, más tranquilos

También decidió quedarse en su pueblo, Olmeda de las Fuentes, Lourdes Fernández. Olmeda está a poco más de 50 kilómetros de Madrid, pero a pesar de la cercanía a esta urbe que poco a poco va comiendo el terreno alrededor, vivir en Olmeda es estar en otro mundo, en pleno contacto con la naturaleza. Después de residir durante años en la capital, decidió regresar a Olmeda y montar una tienda de productos ecológicos. “Yo siempre me sentí afortunada por crecer y vivir en un pueblo. Estudié y trabajé en Madrid, pero nunca me identifiqué con la vida de ciudad. Olmeda es parte de mi esencia. La ciudad te chupa la energía, se pierde la identidad como individuo, se pierde el contacto con la tierra”, asegura.

Lourdes trata de trabajar todo lo que puede con productores locales, lo que tienen un doble beneficio, para la zona y también para el medioambiente, pues se eliminan los costes de transporte. Nunca se ha arrepentido de su decisión de regresar al pueblo. “Todo son ventajas. Se vive más despacio. Hay menos tráfico, contaminación, ruido. Más cercanía entre las personas. Y tienes la opción de disfrutar de espacios tranquilos, abiertos y bellos donde vivir y trabajar. La Felicidad no es un destino, es un estilo de vida”, dice Lourdes, quien reclama una mayor atención para el mundo rural, lo que pasa inevitablemente por más servicios para quienes deciden quedarse a vivir en él.

Un ‘banco de tierra’

Para conseguir un medio rural sostenible, que concilie la naturaleza con la producción agrícola y ganadera, nació Terrae, una asociación sin ánimo de lucro, de ámbito nacional, aunque compuesta exclusivamente por corporaciones locales. Está constituida por 33 socios repartidos en ocho comunidades autónomas (Castilla y León, Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Andalucía, Euskadi, Valencia y Canarias). “Trabajamos en pro de una gobernanza agraria desde lo local, bajo el prisma de la agroecología”, me cuenta Mila Martín, agente de desarrollo local del ayuntamiento de Redueña, un pequeño pueblo de poco más de 200 habitantes en la Comunidad de Madrid.

El acceso a la tierra es uno (no el único) de los problemas que se encuentran quienes deciden quedarse en el campo. “El acceso a la tierra no es fácil. Las tierras está en manos de una generación de personas que ya no las producen y trabajan, tierras que no tienen relevo generacional y por ello muchas de ellas se desaprovechan o infrautilizan. Los nuevos efectivos agrarios son personas que no disponen ni son titulares de tierras agrarias y resulta difícil conseguir el acceso a terrenos que favorecerían nuevos proyectos profesionales sostenibles”, explica Mila. De ahí que uno de los fines de la Red Terrae sea facilitar ese acceso a través de los bancos de tierra. “Es una herramienta online, abierta a todo ofertante de tierra y demandante de ella para desarrollar proyectos agrarios agroecológicos”. Mila, que resalta la importancia de esta herramienta para asentar la población en el mundo rural, tiene muy claros los problemas del mundo rural (envejecimiento de la población, falta de servicios, escasez de alternativas…) y de las soluciones, que pasan por una política de Estado, transversal, que tenga una visión integral y sostenible, y que sea participativa. Y tiene más claros aún los motivos para quedarse a vivir en el campo. “Tranquilidad, salud, bienestar, calidad de vida, nuevas oportunidades de vida y de proyectos productivos, formar parte de una cultura, de un territorio, de una comunidad”.

Cultura. Territorio. Comunidad. En el ensayo final de Puerca tierra, escribe Berger: “Despachar la experiencia campesina como algo que pertenece al pasado y es irrelevante para la vida moderna (…) es negar el valor de demasiada historia y de demasiadas vidas. No se puede tachar una parte de la historia como el que traza una raya sobre una cuenta saldada”.

Redacción: Javier Morales
El Asombrario
www.elasombrario.com 

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