La importancia de la polinización en la agricultura

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Seguro que lo has oído mil veces, o más. Eso de la importancia de las abejas, de que gracias a ellas tenemos muchísimos alimentos y de que están en peligro. Pues este es uno de los casos en los que una afirmación mil veces repetida …sigue siendo cierta.

Según afirma la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), más del 75% de los cultivos mundiales dependen de la polinización. De hecho los polinizadores pueden incrementar la producción de 87 de los principales cultivos alimentarios e incluso de muchos medicamentos derivados de las plantas.

Así que casi todo el mundo tiene claro que hacen falta polinizadores para obtener determinados alimentos, como frutas y verduras. Pero lo que muchos quizás no saben es que no basta con una o dos abejas que lleguen a una o dos flores, para que los frutos alcancen el tamaño, aspecto e incluso sabor al que estamos acostumbrados; hace falta el trabajo de muchas abejas. Lo explica de maravilla Barbara Gemmill-Herren en un interesante programa de la radio de la FAO (aquí dejo la transcripción en inglés): las plantas y las abejas llevan evolucionando desde hace mucho tiempo, y normalmente las plantas “deciden” invertir recursos en un fruto particular, (desviando agua y azúcares a una manzana por ejemplo) cuando este ha sido correctamente polinizado, es decir, cuando todas las flores reciben una considerable dosis de polen. De esta manera se forma una pieza grande, uniforme y con semillas viables más atractiva para los animales, que comerán ese fruto y dispersarán sus semillas. Cuando vemos frutas u hortalizas deformes o que se estropean a mitad de su desarrollo suele deberse a que no fueron visitados por los suficientes polinizadores o que estos sólo alcanzaron un lado de la flor. Todos estos “fracasos” en el cultivo pueden suponer menos ingresos al agricultor, hasta el punto que este, para evitarlo, recurre al servicio de apicultores que mueven sus colmenas trashumantes de un cultivo a otro. Pero ahí no acaba la cosa, al parecer los frutos bien polinizados poseen mejores cualidades nutricionales y, al parecer, saben incluso mejor.

Durante milenios, las abejas y otros polinizadores han sido los principales responsables de la producción de los ecosistemas, tanto naturales como “antropizados”, un servicio vital que sigue ocurriendo alrededor del ser humano, discretamente, pero que nos ha costado siglos reparar en el.

Pero al fin hemos sido capaces de reconocer el importantísimo papel que juegan los polinizadores, el problema es que parece que sólo se lo atribuimos a la abeja melífera y, si acaso al abejorro. Lo cual es una pena, porque la variedad de animales capaces de polinizar las plantas en todo el mundo es asombrosa. Existen por ejemplo unas pequeñas abejas tropicales sin aguijón que forman pequeñas colonias y apenas producen miel pero muy atractivas para pequeños agricultores en países tropicales. Los abejorros son más eficaces en países del norte, ya que no les afecta tanto el frio a la hora de volar, aunque son los más susceptibles al uso de productos fitosanitarios. Algunos escarabajos también son importantes polinizadores, y la lista sigue con polillas, moscas y avispas, e incluso colibríes y murciélagos.

Todo esto significa, en definitiva, que habrá que abrir la mente (y los bolsillos) a la hora de estudiar las posibles amenazas y establecer estrategias para intentar conservarlos a todos. A nivel global ya se han identificado los factores principales que amenazan a las poblaciones de polinizadores: el creciente dominio de un modelo de agricultura intensiva caracterizado por monocultivos y un uso excesivo de productos fitosanitarios junto con un aumento de las temperaturas vinculado al cambio climático.

Siempre será útil conocer cómo afectan las diversas prácticas agrícolas a los distintos polinizadores, para así informar y concienciar a los agricultores y que estos favorezcan su presencia alrededor de sus cultivos de manera permanente. Pero el trabajo de cambiar actitudes y prácticas para que se reconozca la tremenda importancia de la polinización en la alimentación mundial tiene que llegar a los despachos, las reuniones parlamentos e instituciones donde se acaban tomando las decisiones.

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