Las especies invasoras atentan contra la biodiversidad

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Nunca pensé que un arbolito fuera a dar tanta guerra en nuestro huerto escolar. Se trata de un ailanto o árbol del paraíso que se instaló en un rincón, vivió sus primeros años sin que nadie le molestara – al fin y al cabo, da pena arrancar un arbolillo en un jardín. Pero ha crecido de tal manera que, con sus potentes raíces y las sustancias “herbicidas” producidas por sus hojas, está acorralando a sus vecinos. Hemos cortado el tronco y le hemos hecho toda clase de perrerías, pero ni por esas, como buena especie invasora que es, rebrota una y otra vez, con igual energía.

El nombre de “especie invasora” habla por sí mismo. Se trata de una especie exótica, es decir procedente de un lugar muy lejano, capaz no sólo de reproducirse y formar poblaciones estables en su nuevo destino sino también de  diseminarse y colonizar rápidamente los ecosistemas que allí encuentra.

Con ese nombre es fácil deducir que no se trata de seres inocuos. Las especies invasoras representan una grave amenaza a la biodiversidad local, hasta el punto de constituir una de las principales causas de pérdida de biodiversidad en el mundo, tras la destrucción de hábitats. Esto se debe a que estas especies compiten más agresivamente que las locales por los recursos (espacio, alimento, luz, oxígeno) como ocurre con el ailanto (Ailanthus altissima), alteran las condiciones de los ecosistemas que las acogen como hace el voraz siluro (Silirus glanis) o transmiten enfermedades como el cangrejo rojo americano (Procambarus clarkii).

Su afán por crecer y conquistar nuevos lugares también causa importantes problemas económicos. Por ejemplo, el camalote o jacinto de agua (Eichhornia crassipes) en el rio Guadiana y el mejillón cebra (Dreissena polymorpha) en la cuenca del Ebro están alterando el funcionamiento de infraestructuras al obturar canales de riego y conducciones en plantas de depuración o centrales hidroeléctricas, y están afectando a la navegación y al uso recreativo del entorno.

Hay especies en las que se une el daño económico a un riesgo para la salud. La avispa asíatica (Vespa velutina) por ejemplo, además de ser un tremendo depredador de abejas melíferas y otros polinizadores, resulta peligrosa para las personas alérgicas o enfermas que reciban su doloroso e incluso mortal picotazo. En el reino vegetal tenemos a la ambrosia (Ambrosia artemisiifolia) cuyas semillas llegaron escondidas en mezclas de pienso para pájaros. Aparte de ser una mala hierba, capaz de reducir a la mitad el rendimiento de cultivos, es una de las especies vegetales más alergénicas del mundo, causante de fiebre del heno, asma y dermatitis.

Las principal, y más económica, manera de luchar contra estas especies es prevenir su llegada, para lo cual es vital conocer cuáles son las vías habituales de entrada. Así, aunque se sabe que el cambio climático puede favorecer la llegada de especies invasoras por sus propios medios, normalmente es el hombre el responsable directo, mediante la introducción de especies exóticas, de manera accidental o intencionada.

El comercio internacional es una de las principales causas de introducción accidental de estas especies, que viajan como polizones en el agua de lastre de los barcos mercantes, en contenedores o en material vegetal de propagación infectado, como es el caso de la bacteria Xylella fastidiosa, una seria amenaza para muchos cultivos leñosos.

La introducción intencional se hace de manera consciente. Puede ocurrir que los responsables desconozcan el daño que están ocasionando, como es el caso de la gente que libera determinadas mascotas exóticas como las cotorras o la tortuga de florida. Pero también ha sido habitual la suelta de especies destinadas a la caza ( perdices, faisanes o arruí) o a la pesca deportiva (siluro y alburno). Ha habido también casos de sueltas con buena intención y resultados catastróficos, tal como ocurrió con el caracol manzana dorado (Pomacea canaliculata), introducido en Taiwan en 1981 como una fuente potencial de alimento, que invadió rápidamente los campos de arroz del oeste asiático, destruyendo las cosechas.

Se calcula que, en Europa, existen más de 12 000 especies exóticas, de las cuales en torno a un 10-15 % son invasoras. Existen en todos los grandes grupos taxonómicos  (plantas, hongos animales vertebrados e invertebrados, etc) y se pueden encontrar en los más diversos ecosistemas.

Actualmente se destinan grandes sumas de dinero para intentar erradicarlas, o más bien para intentar controlar y frenar su expansión. Aunque la prevención debería ser la clave, la UE ya ha aprobado un reglamento, dada la complejidad del problema creo que es lo más difícil de conseguir. También son importantes, sobre todo en determinados casos, las acciones que informen a la población sobre este problema…como he querido hacer con esta entrada.

Redacción: Caridad Calero

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