De la huerta a la mesa

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De la huerta a la mesa, el periplo del producto

Raro es el consumidor que, a la hora de comprar alimentos, ropa, libros o aparatos electrónicos, etc. reflexiona sobre el camino que han seguido los bienes adquiridos. Creo que, al final la mayoría nos conformamos si cumplen con el “bueno, bonito y barato”.

Cada bien de consumo es un mundo y aquí nos centraremos en los de origen agrario, cada uno con características y unos requerimientos particulares. En cualquier caso, lo habitual es que al productor le cueste lo suyo obtenerlo. Eso de sembrar una semilla y esperar a que la planta de frutos para recogerlos es una imagen bonita, pero poco ajustada a la realidad.

Los agricultores y ganaderos invierten su tiempo, su esfuerzo y su dinero en abonos, semillas, maquinaria, agua, pienso, veterinarios, etc., y como cualquier trabajador esperan conseguir un dinero a cambio, un salario vamos, que le permita pagar las facturas de la luz, el teléfono, el colegio de los niños, etc.

Si el agricultor o ganadero es socio de una cooperativa, le venderá toda su producción, a cambio de que esta proteja sus intereses y le asesore. También puede ocurrir que

que trabaje en régimen de integración vertical para una empresa grande, de manera que dicha empresa marca cómo hay que producir y aporta los medios necesarios, siendo el agricultor prácticamente un asalariado. Pero también hay muchos valientes que se atreven con el mercado libre, una verdadera jungla, en la que el juego de la oferta y la demanda no es el único factor que afecta al precio de los alimentos.

Y en esa jungla no siempre es fácil sobrevivir, porque suele haber unos cuantos “abusones” que manejan el asunto. Abusones que no pagan cuando deben, que no pagan lo acordado, que cambian las condiciones del contrato cuando les interesa o que directamente incumplen el contrato y aplican otras condiciones bajo cuerda, o que venden productos muy por debajo del coste de producción, devaluándolos frente al consumidor.

Estas situaciones, que afectan principalmente al sector lácteo y al de frutas y hortalizas, eran (y siguen siendo) lo suficientemente frecuentes como para que el gobierno decidiera tomar cartas en el asunto. Y así surgió la Ley 12/2013 de medidas para mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria.

Es una ley que afecta a pymes (aquí se encuentran gran parte de los agricultores y ganaderos), cooperativas, intermediarios, mayoristas en origen, industria, centrales de compras, distribuidores, mayoristas y operadores de la gran distribución. Regula el contenido de los contratos de compraventa de alimentos, que lógicamente serán obligatorios cuando se vaya a vender productos alimentarios por más de 2.500 € y establece cuales son las prácticas abusivas (las que he mencionado antes y unas cuantas mas). Regula también las subastas electrónicas, muy habituales en hortalizas y frutas, para asegurar su transparencia y el libre acceso de participantes.

Para asegurar que se cumplen las normas, además de establecer un régimen sancionador ordenó la constitución de un organismo público que se encargara de vigilar y aplicar el cumplimiento de la norma; cometido del que actualmente se encarga la Agencia de Información y Control Alimentarios (AICA).

A pesar de que la ley da de lado a ciertos “abusos”, como la venta a pérdidas, el sector productor en general, dio la bienvenida a una ley que consideraban muy necesaria. Y los datos le han dado la razón: desde el comienzo de su actividad en 2014, la AICA ha realizado 3.669 inspecciones que han supuesto la aplicación de 992 sanciones.

El pasado año 2017 se realizaron aproximadamente la mitad de esas inspecciones que dieron lugar al 62% de sanciones que se han puesto hasta el momento. Quiero creer que conforme la AICA vaya asentándose, los que denuncian prácticas abusivas estarán cada vez menos solos y los “abusadores” poco a poco tendrán que cambiar de manera de actuar. Máxime ahora que la Unión Europea, ha decidido seguir nuestros pasos y ha comenzado a elaborar una normativa similar que busca mejorar el funcionamiento de la cadena alimentaria en todo el territorio europeo.

Redacción: Caridad Calero.

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