El poder de la formación para transformar el sector agroalimentario

Despoblación rural, cadenas alimentarias globalizadas, nuevas tecnologías… El sector agroalimentario se va a enfrentar durante los próximos años a retos colosales. Su viabilidad en el futuro, y por extensión el de toda la sociedad, va a depender del trabajo conjunto de todos los agentes que lo componen. Por ello, expertos del sector lo tienen claro: el futuro del sector pasa por la formación.Así lo analizaron en Zaragoza, durante el pasado mes de febrero en el marco de la FIMA, los expertos y profesionales que acudieron al VII Foro Nacional de Desarrollo Rural organizado por el Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Aragón, País Vasco y Navarra.

Durante los dos días de foro, se puso el foco en cómo conseguir una formación acorde a las necesidades del sector agroalimentario en los próximos años. Algo necesario para hacer el medio rural atractivo y rentable, y conseguir que sea una opción de futuro para los jóvenes.

Ahora bien… ¿cómo conseguimos que el medio rural sea atractivo para los jóvenes? El profesor Laurens Klerk, de la Universidad de Wageningen, apunta que hay que conseguir que “la imagen del productor de alimentos sea diferente, convertirlo en una figura garante de la alimentación de la sociedad y del medio ambiente”.

¿Alimentar más con menos? Solo a través de la ciencia, la innovación y la alianza con universidades será posible.

Por otro lado… ¿cómo conseguimos que la actividad agrícola sea rentable? Aquí todos los expertos participantes tenían un mantra común: implantación de nuevas tecnologías en toda la cadena de valor agroalimentaria. Y para conseguir esa meta, sólo un camino es posible: una #AgroFormación efectiva y orientada a dar respuesta a las necesidades del sector.

Dos conclusiones sencillas de formular, pero difíciles de conseguir si no tenemos claro el marco en el que opera hoy en día el sector agroalimentario.

Los nuevos paradigmas de la agricultura mundial

El profesional agroalimentario trabaja en un sector que debe adaptarse a los nuevos paradigmas. Por un lado, tenemos la necesidad de hacer las cosas de forma más eficiente, de cambiar el modelo de una agricultura intuitiva a una agricultura 4.0, donde la tecnología sirve de apoyo a la toma de decisiones y los procesos se automatizan con ayuda de nuevas herramientas. El profesional agroalimentario deberá adaptarse a estos cambios, y de forma activa y continúa, porque la tecnología, que es puntera este año, dentro de dos quedará obsoleta.

Por otro lado, nos enfrentamos a un consumidor que está demandando alimentos no convencionales y fuentes de proteínas alternativas, ya que su mente los clasifica como alimentos responsables con el medio ambiente. Conceptos como agroecología, consumo de proximidad y proteínas alternativas, comienzan a abrirse paso y a convivir con los alimentos producidos de forma tradicional.

Esto se traduce en una pluralidad de sistemas de producción de alimentos, cada uno apoyado por diferentes agentes, y todos ellos validados para alimentar a una sociedad plural. Parte de ella, normalmente los más jóvenes, con una mayor conciencia medioambiental, preferirá comprar esas alternativas vegetales. Mientras que otra parte, por costumbre, se decantará por alimentos tradicionales.

En resumen, el sector agroalimentario está compuesto por sistemas de producción convencionales que se deben adaptar a las nuevas exigencias y sistemas de producción nunca antes vistos, cada uno con sus necesidades y retos específicos. Todos ellos tienen algo en común: la necesidad de formación de profesionales competentes que los hagan funcionar de forma óptima.

Las claves de una formación agroalimentaria efectiva

Antes de abordar las claves de una agroformación eficiente, debemos ver de dónde obtiene el conocimiento el actual profesional agroalimentario, y tenemos tres fuentes: el heredado de padres a hijos (análisis del pasado), el que obtiene de otros productores (análisis del presente) y el que procede de la ciencia y los investigadores (análisis del futuro). Este último suele ser más sutil, ya que lo reciben de empresas y/o lo aplican en un momento puntual del proceso productivo (fertilizantes, fitosanitarios, etc.).

Por tanto, vemos que la transferencia de conocimiento en el sector agroalimentario ha pasado de un modelo lineal (padres a hijos) a un modelo de red, teniendo como punto de unión al profesional agrícola.

DATO: Más del 70% de las personas del medio rural tienen experiencia, y solo un 9% tiene formación completa.

Un punto clave para que la formación agroalimentaria tenga éxito, es la obligación de que se oriente a cubrir necesidades reales del sector. Es aquí donde hay que apostar por un proceso de Co-Diseño o Co-Creación de planes formativos, en los que se involucren universidades, centros de formación profesional, agricultores, técnicos agrícolas, ingenieros agrónomos, etc.

Por ejemplo: formar a profesionales en la identificación de enfermedades es clave en cualquier escuela de ingeniería agronómica, pero podemos enriquecer esa formación “básica” si dotamos al agrónomo de conocimientos para ayudar a desarrollar algoritmos que le permitan predecir cuándo va a atacar una enfermedad al cultivo.

Otra característica que debe tener la formación agraria es su adaptación y/o actualización constante a las nuevas tecnologías que se implementan en el sector agrario, algo que hará más atractivo el sector. Hoy es necesario tener conocimiento para leer mapeos de cultivo con multitud de variables, pero tal vez en 5 años será necesario saber configurar el software de un robot aplicador de fitosanitarios. Si queremos que el sector sobreviva debemos ser capaces de adaptarlo rápidamente a los cambios.

Por mucha robótica, automatización, Big Data, que se esté aplicando a la actividad agrícola, no hay que olvidar que el tomador de decisiones es al final una persona. Por tanto, la formación no debe dejar de lado formar en competencias de liderazgo, trabajo en equipo y visión conjunta del sector, ya que estas habilidades permitirán al sector agroalimentario español mantenerse en el TOP del ranking de un sistema agroalimentario global.

A más cualificación en jóvenes agricultores, más rentabilidad se consigue en las explotaciones agrícolas.

Por último, hay que tener claro que “sin formación no hay innovación”, y sin innovación es muy difícil (por no decir imposible) conseguir rentabilidad económica que, recordemos, es un elemento clave para que los jóvenes apuesten por el campo como medio de vida. Esto lo podemos poner en contexto con el panorama actual de la España Vaciada: solo a través de la formación podremos luchar contra la despoblación rural.

La Huerta Digital

4 responses to “El poder de la formación para transformar el sector agroalimentario

  1. Hoy en día los hijos de los agricultores y otros obreros del campo han migrado a la ciudad por tanto ya no hay mano de obra. Muy interesante su propósito de innovar y hacerlo muy atractivo el campo.

  2. Saludos, muy interesante el artículo, la idea de hacer digno al trabajador del campo es maravillosa, el campesino siempre ha sido marginado por la sociedad, en medio de esa realidad lo único que se ha conseguido es la migración masiva de la población rural, hacia los barrios marginales de las grandes ciudades, creo que es hora de subir la moral de los que, con gran esfuerzo, y sin ningún tipo de ayuda gubernamental, producen los alimentos que se consumen en todas la ciudades.

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