Resíduos plásticos: estrategia europea para su gestión

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Mira a tu alrededor, y cuenta los distintos objetos que están hechos con plástico, son unos cuantos ¿a que sí?. Los plásticos están en todas partes y toman infinidad de formas: desde los envases de alimentos, pasando por prendas de ropa, juguetes, bolígrafos, marcos de ventanas, hasta una simple tirita. De todos los objetos que has contado, ¿cuántos de ellos tienes la seguridad que acabarán en la basura en 24, 48 horas, unas semanas, un mes o quizás un año?.

Las cifras sobre uso de plásticos en la UE nos muestran una incómoda realidad: estamos fallando estrepitosamente a la hora de proteger nuestro planeta y de sacar el máximo provecho a un recurso que de por sí es valioso; aunque muy posiblemente los ciudadanos no tengamos esa percepción, acostumbrados como estamos a usar y tirar sin miramientos, bolsas, cubiertos, envases, pajitas… y un larguísimo etcétera de objetos plásticos.

La producción global de plásticos ha aumentado veinte veces desde 1960, alcanzando los 322 millones de toneladas en 2015 y se espera que se duplique de nuevo en los próximos 20 años. En Europa se generan cada año cerca de 25.8 millones de toneladas, de las cuales menos del 30% es recogido o siquiera reciclado. De estos residuos que sí se recogen, una cantidad significativa abandona la UE para ser tratada en terceros países.

La acumulación y fuga de residuos plásticos daña el medio ambiente, provoca pérdidas económicas y se cree que pueda afectar a la salud humana a través de la cadena alimentaria e incluso el aire. Últimamente la concienciación, o al menos la preocupación, a nivel mundial ha aumentado considerablemente gracias a estimaciones como las publicadas por la fundación de la ex regatista Ellen Mcarthur: “si la situación no cambia, para 2050 podremos tener más plásticos que peces en los océanos, y el 99% de las aves marinas habrán comido plástico”.

Hasta ahora, el enfoque mayoritario para reducir los residuos plásticos pasaba por “apartarlos de la circulación”, en principio mediante su reciclado o cuando esto no es posible (lo cual ocurre más frecuentemente de lo deseable) mediante el depósito en vertederos, la incineración, o como ya hemos visto, mandándolos a otros países. Pero en un mundo globalizado como el actual, esta estrategia no es ni suficiente ni razonable.

Así, conscientes de esta realidad, la Comisión Europea ha propuesto una “Estrategia para los plásticos en una economía circular”. Con ella se pretende lograr varias cosas: dar respuesta a la preocupación ciudadana, facilitar la transición a una economía circular baja en carbono así como contribuir al logro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030 y los del Acuerdo de París sobre el cambio climático. Las cifras económicas también ayudan a impulsar los cambios necesarios: el 95% del valor económico potencial en los envases de plástico actualmente se acaba tratando como un desecho y se ha calculado que este fracaso en el reciclaje cuesta a la economía europea 105.000 millones de euros cada año.

Así, la UE ha optado por ver el lado positivo de este gran problema, convirtiendo los obstáculos que irán presentándose en oportunidades para asumir el liderazgo mundial y aumentar su competitividad en este sector a través de la innovación.

La Estrategia pone el foco en cuatro áreas u objetivos básicos. El primero es mejorar la calidad y los resultados económicos del reciclaje de plásticos, para lo cual será necesario aumentar la cooperación entre los distintos integrantes de la cadena de valor. La idea es que el reciclaje sea rentable para las empresas, para lo cual se incidirá en el diseño de los envases, ya que este tiene un impacto directo en la reciclabilidad de los productos – se ha marcado el objetivo de que para 2030 todos los envases de plásticos sean reciclables. Asimismo se quiere aumentar la demanda de plásticos reciclados, ya que actualmente sólo el 6% de los nuevos materiales plásticos proceden del reciclaje.

El segundo objetivo es frenar la generación de residuos plásticos. La legislación europea se ha adelantado obligando a cobrar por las bolsas de plástico, lo cual ha permitido reducir bastante su uso. Los microplásticos constituyen otra de las preocupaciones y se prevén medidas para restringir su uso intencionado y su generación no intencionada (por ejemplo al lavar prendas de ropa sintética). Se hace necesario también un marco regulatorio claro para los plásticos con propiedades biodegradables, que permita seguir trabajando para mejor sus prestaciones ya que su uso, a día de hoy, no siempre constituye una ventaja frente a los plásticos convencionales.

El tercer objetivo importante es fomentar la inversión y la innovación necesaria para avanzar hacia una economía circular. Por último, y dado que los plásticos se han convertido en un problema global, se asume el papel de la UE a la hora de encontrar soluciones mundiales y desarrollar normas internacionales.

Todas estas medidas previstas por la Estrategia son de sentido común, pero hay que tomarlas. Visto lo visto, el reto es importante y me gustaría pensar que las nuevas generaciones se llevarán las manos a la cabeza cuando les cuenten qué era eso de los “plásticos de usar y tirar”. Hasta entonces, los ciudadanos de hoy tendremos que unirnos al reto.

Redacción: Caridad Calero

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