El cambio climático en España. Cómo nos está afectando

Joaquín Tribaldos Twins Farms

Que el clima está cambiando es algo que no podemos negar y que no vamos a descubrir en este pequeño artículo, al igual que tampoco es la primera vez que hablamos de ello ni seguro que será la última. A pesar de todo esto, el cambio sigue avanzando y parece que las personas de “a pie” no podemos hacer nada o incluso no queremos hacer nada… hay que concienciarnos de una vez por todas que tenemos que cambiar muchos hábitos que tenemos hoy en día.

Uno de los factores que más se ha notado en los últimos años es el aumento de temperatura.  Desde comienzos del siglo pasado, la temperatura de nuestro planeta ha aumentado más de 1ºC. Gran parte del​ calentamiento global ha ocurrido desde 1975, a una velocidad de aproximadamente 0,15 – 0,20 °C por década.

La desertificación, el riesgo de incendios, la falta de agua potable, las inundaciones, las sequías y la pérdida de cosechas están ya sobre la mesa y acechan de forma virulenta un futuro cada vez más cercano. Y eso no es todo, sino que, según los estudios, el Mediterráneo es una zona de especial vulnerabilidad o incluso podríamos llamarla la zona cero.​ ​

Hoy, los gases de efecto invernadero acumulados en la atmósfera se encuentran en los niveles más altos de la historia de la humanidad. Las emisiones bajaron en 2020 como consecuencia de la pandemia, pero en 2021 superaron los niveles máximos de 2019, que fueron un 54% más altas que en 1990 (inicio del estudio)​.​ El cambio climático ya implica a día de hoy un calentamiento de 1,5°C en el Mediterráneo, por encima de la media global, que se sitúa en 1,1ºC. Si se mantiene la inercia actual, es probable que los gases de efecto invernadero provoquen el doble de calentamiento: aproximadamente 3,2ºC para el año 2100.​ El año 2021 fue el octavo año más cálido en España. El 2020 fue el más cálido en la península desde que hay registros, seguido por agosto de 2017, el sexto más cálido de todo el siglo XXI. ​

​Si nos centramos en los fenómenos climatológicos que están cambiando el mundo y que se pueden apreciar considerablemente en España, estos serían los 10 más importantes:

  • Aumento de las temperaturas
    • En 2040, las estimaciones predicen un incremento de 2,2ºC y en 2100 podría llegar a los 3,8ºC.
  • Récord de temperaturas máximas
    • Este verano, la estación meteorológica de Montoro (Córdoba), alcanzó el máximo histórico de temperaturas registrado en España con 47,4 ºC
  • Noches tórridas
    • Según datos de AEMET, se estima que en el conjunto de las diez ciudades más pobladas de nuestro país, el número de noches tórridas se ha multiplicado por 10 en los últimos cuarenta años.
  • Lluvias torrenciales
    •  En los últimos años hemos asistido a un aumento de las lluvias torrenciales principalmente en la vertiente mediterránea peninsular, aunque este factor ha sido bastante común en España desde hace siglos.
  • Mayor aridez y desertización
    • Con disminución de las reservas de agua embalsada superando a menudo los mínimos históricos, el 75% del territorio se encuentra en riesgo de desertificación.
  • Sequías más fuertes
    • Incluso contando con que tenemos más o menos las mismas precipitaciones, pero las temperaturas son más altas lo que impacta en que la disponibilidad de agua para las plantas es menor, y eso supone una aridificación. Además, muchas lluvias son torrenciales lo que implica que el agua no se aproveche.
    • También está empezando a observarse que los períodos sin lluvia, los períodos secos, son más largos.
  • Masas de aire subtropical
    • Podría decirse que el verano ya es seis semanas más largo, ya que el clima es más seco.
  • Aire de latitudes árticas
    • La ola de frío Filomena podría ser un ejemplo de ello.  Fue un fenómeno extremo y extraordinario, según AEMET, el cual se trata de la nevada más intensa en España en los últimos 50 años. Y esto se podría repetir en los próximos años.
  • Aumento del nivel del mar
    • Las aguas de la región mediterránea son, por las reducidas dimensiones de este mar, carne de cañón para el aumento de la temperatura de sus aguas, que está siendo mucho mayor que en los océanos abiertos.
  • Aumento de la temperatura del mar
    • Enmarcado en la década más cálida para las temperaturas oceánicas globales, el calentamiento del Mediterráneo podría alcanzar los 5 grados respecto a las cifras preindustriales.

Si nos centramos en uno de los fenómenos que más nos pueden afectar en la agricultura, podríamos decir que es la sequía. Los estudios apuntan a un aumento considerable de las sequías. Con esta premisa, los estudios indican que por cada grado que aumente la temperatura veremos reducidas las lluvias un 4%, por lo que se predicen unas reducciones de entre un 5% a un 20% según nuestra capacidad de reducir emisiones. El uso del agua en la agricultura es un punto clave para adaptarse a esta sequía y al calentamiento global. Por tanto, se debe promover formas de agricultura que sean más eficientes y mantengan mejor la humedad del suelo, como es la agricultura regenerativa que mantiene un suelo más fértil y rico en materia orgánica.

En cuanto a la desertificación, según el Ministerio de Medio Ambiente, el 75% del suelo español está en proceso de desertización y se prevé que un 20% de lo que hoy está a salvo se verá en riesgo dentro de 50 años. Andalucía, Extremadura, Castilla-La Mancha y prácticamente todo el Levante ya presentan una gran proporción de suelo con susceptibilidad de degradarse. Esto afectará muy negativamente a las actividades agropecuarias y los ecosistemas acabarán visiblemente afectados.

Otro fenómeno importante para España, por su gran costa e importancia del sector turístico, es la subida del nivel del mar. Según los estudios, estos alertan sobre la posibilidad de que el nivel global del mar suba 3 metros de aquí al año 2100. Hace unos meses, leyendo un artículo sobre esta materia, un ejemplo que impactó mucho fue el siguiente: la imagen de un oso polar a la deriva sobre un bloque de hielo desprendido de la Antártida es impactante, pero se antoja lejana. Sin embargo, si el nivel del mar sube tres metros, una gran parte de Barcelona, Málaga, A Coruña o Santander se verían inundadas, Doñana se perdería, al igual que la mayoría de las Rías Baixas y el delta del Ebro desaparecería. La verdad es que, viéndolo así, la cosa es de gravedad.

Y para terminar y bajando más al terreno del día y a la economía doméstica, en nuestro caso el mes de mayo fue muy seco y caluroso lo que provocó la pérdida de gran parte de la cosecha de cereales y la mayoría de las leguminosas. El mes de marzo y abril fueron muy buenos en cuanto a precipitaciones (en torno a 250 mm), pero mayo nos dio una bofetada de realidad que nos dejó completamente noqueados.

Desde el 5 de mayo no ha llovido prácticamente nada (unos 10mm a mediados de agosto) por lo que ha sido un año para olvidar en cuanto a los rendimientos agrícolas. Por otro lado, también tuvimos problemas para poder realizar los últimos riegos en los ajos ya que los niveles de los acuíferos han bajado considerablemente. La pérdida de suelo fértil es irreversible y está aumentando la vulnerabilidad de todas las especies incluida la humana. Pero la desertificación tiene consecuencias más allá de la pérdida de la fertilidad del suelo. El éxodo hacia las grandes ciudades debido a la crisis de la agricultura tradicional motivará que los recursos naturales de las zonas colindantes con estas urbes se verán sobreexplotados, incluyendo los recursos hídricos subterráneos, y se elevarán los niveles de contaminación de estas áreas motivando que el cambio climático siga retroalimentándose. Por tanto, este es otro motivo más para apostar por el medio rural y por cuidar cada día más y mejor nuestro exclusivo planeta.

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