Desperdicio alimentario. Una realidad que sucede desde el campo.

Escribo estas líneas mientras me tomo un zumo de naranjas que acabo de recolectar. Son naranjas que no fueron recogidas cuando vino la cuadrilla a este huerto ya que no cumplían con la “calidad comercial” requerida.

Muchas naranjas de mi huerto se han desperdiciado este año y han sido alimento para pájaros u hormigas. O simplemente cayeron irremediablemente al suelo y se pudrieron. Es una situación que tristemente pasa año sí, año también. Y el año que viene volverá a pasar. Y así en infinidad de campos.

Fueron cultivadas con el mismo esfuerzo, recursos y dedicación que muchas otras que llegarán a mercados nacionales e internacionales, pero con la diferencia que no alcanzaron un tamaño mayor o que por causas meteorológicas, o de insectos su piel, sufrieron alteraciones estéticas. Por dentro, sus propiedades, su sabor y calidad son los mismos que las otras, pero como me han dicho en numerosas ocasiones responsables de empresas comerciales, los clientes mandan. Una pequeña mancha en la piel o una naranja de menos de 7 cm de diámetro se considera en muchas ocasiones de destrío, es decir, desechable.

El propósito principal del trabajo de agricultor es la de producir comida y que la mayor parte de ella sirva para alimentar a cuantas más personas mejor. Por supuesto está el propósito económico que va ligado a lo anterior. Por ello, no hay mayor desazón para un agricultor como yo, que ver tu cosecha o la de algún compañero en el árbol o en el suelo porque no es rentable ni el hecho de recolectarla. Yo he vivido esta amarga situación en numerosas ocasiones y por desgracia creo que lo seguiré experimentando.

Son muchos días de trabajo durante meses para producir una cosecha. También es elevado el uso de recursos económicos, humanos y medioambientales, principalmente agua, que se requieren para producir frutas, por lo que el golpe que supone para un agricultor cuando se desperdicia su cosecha es doble, el económico y el ecológico.

Afortunadamente creo que se está creando algo de conciencia entre la sociedad sobre lo que supone el desperdicio alimentario a lo largo de la cadena agroalimentaria. Campañas institucionales, iniciativas sociales, debates en los medios de comunicación, acciones solidarias, etc., para dar la importancia que se merece a una realidad que existe en nuestra sociedad, el de tirar comida.

Según un estudio del Ministerio de Agricultura en el 2020 , en el cubo de la basura de las familias terminaron 1.364 millones de kilos/litros de alimentos. Es una cifra que genera escalofríos, y eso que este estudio solo refleja el desperdicio en los hogares.

En el campo los agricultores ponemos todo el empeño para que esta realidad disminuya. En mi caso, recolecto toda la naranja que sea posible. Afortunadamente la naranja que no se recolecta para su consumo en fresco se puede recoger para la industria y realizar zumos o piensos animales. Es una labor dura y en muchos casos con poca o nula rentabilidad para el agricultor, pero que es necesaria ya que el árbol también descansa y optimiza su funcionamiento para la cosecha del año siguiente.

Según un estudio del Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias (IVIA) un kg de naranjas cuesta producirlo 0,23€/kg. Por un kg de naranja para la industria se pagan, incluidos los costes de recolección, entre 0,11€/kg y 0,17€/kg.

En Diciembre, viví de nuevo el caso de desolación. En una de mis parcelas se quedaron de nuevo cientos de kilos de naranjas sin recolectar por defectos en la piel. Lejos de lamentarme, decidí realizar una acción solidaria junto a otro compañero agricultor, Nando Durá. Coincidiendo con la época navideña y sabiendo que la situación de la pandemia del Covid 19 era muy dura especialmente en las residencias de mayores, decidimos dedicar unas cuantas horas de nuestro trabajo semanal para recolectar y preparar cajas de naranjas que hicimos llegar a muchas residencias por todo el país.

Nando y yo recolectando naranjas solidarias para las residencias de mayores durante la pandemia de la COVID-19.

Aparte de la acción solidaria, quisimos lanzar un mensaje reivindicativo de la situación que estábamos viviendo y decidimos darle el mejor valor posible a esos cientos de kilos de naranjas, el hacerlas llegar a los que más lo necesitan, y darles el valor que otros no le dan.

Existen muchas otras iniciativas sociales, como son la de espigoladors.cat, que desde el campo organizan la recolección, distribución, transformación y comercialización de productos agrícolas que no fueron recolectados o la página despilfarro.org donde se proporciona información de noticias e iniciativas acerca de esta problemática.

Toda esta realidad es algo que tenemos que corregir por compromiso social, ya que hay mucha gente en nuestro entorno que pasa hambre. También por compromiso medioambiental ya que ese despilfarro supone gasto de recursos naturales y energéticos. Y por último, por reconocimiento y respeto al trabajo que realizamos en el sector primario para producir alimentos.

Seamos serios y responsables, y que el mensaje “Aquí no se tira nada” no se quede en la papelera. Ni en el árbol.

 

Autor: Ismael Navarro Castell. Agricultor.

Twitter e Instagram: @ismaelncfarmer

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